Fin...

Cuando vieron el cometa, supieron que los dioses se habían enfadado. La población huía atemorizada y comenzaron a saquear los comercios para acaparar todo lo que pudieran necesitar. El pánico cundía y sucumbían a lo más bajo, entonando la excusa de la supervivencia propia.

Mientras, en lo alto de la montaña, ambos sonrieron satisfechos. No temían por su vida, sabían que nada les iba a ocurrir.

Se miraron el uno al otro y rieron antes de fundirse en un apasionado beso, con cometa al fondo. No sentían miedo porque, al fin y al cabo, ellos habían inventado a aquellos dioses que otros tanto temían.



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